Torre de la Reina Mora o de Santa Ana
Torre de la Reina Mora
46400 Cullera Valencia

El camino del Calvario, con sus catorce estaciones, nos invitará, muy pronto a visitar la Torre de Santa Ana o Torre de la Reina Mora, declarada Bien de Interés Cultural. Será un buen momento para hacer un alto en el camino para observar con detenimiento, no solamente la construcción en sí—la torre es visitable— sino también las maravillosas vistas que se nos ofrecen. Tanto es así que se ha habilitado un mirador perfectamente orientado.

La Torre de la Reina Mora en origen fue uno de los torreones de entrada al segundo recinto amurallado o albacara del castillo. En el siglo XVII</span>, tras siglos de inactividad militar y un estado importante de abandono se convirtió en ermita. El propio nombre de Santa Ana se debe al patronazgo bajo el cual se dispuso la ermita, primero dedicada a San Rafael y posteriormente a Santa Ana. La torre conlleva, como muchas de las construcciones emblemáticas, su propia leyenda según la cual una mora, casada con un rico comerciante al que despreciaba, se enamoró del hijo del cadí.

Con el tiempo, los amantes planearon asesinar al esposo; pero un loro que el comerciante había traído de tierras lejanas reveló a su dueño los planes de los amantes quienes, finalmente, murieron ajusticiados por causa de su propio engaño. En esencia se trata de una torre de tapial de tierra, de dos pisos, de planta cuadrada y remate almenado. La parte superior, a la que se accedía mediante una escalera de caracol, fue reformada en su momento para vivienda del ermitaño. Esta construcción formaba parte del perímetro defensivo del castillo musulmán, siendo además el acceso al interior de la albacara, espacio rodeado y protegido que se encuentra cerca de la fortaleza, mediante una entrada en forma de codo, lo que facilitaba su control y defensa.

Actualmente la Torre de Santa Ana ha sido restaurada y presenta un magnífico aspecto que aúna, de manera armoniosa, las diferentes reformas para adaptarse a sus diferentes usos a lo largo del tiempo. Terminada la visita a la Torre tomaremos la escalera metálica junto a la misma para llegar al zigzag jalonado de estaciones del Vía Crucis deteniéndonos de vez en cuando para recuperar el aliento, beber agua y, sobre todo, para observar los paisajes que se amplían al tiempo que ascendemos. Ánimo pues. Nos esperan los siguientes puntos de interés: el Santuario y el Castillo de Cullera. Llegado este punto podemos retomar nuestro camino hasta el siguiente punto de parada, dando paso a la leyenda, que siempre aviva y hace volar la imaginación hacia unos tiempos que no por remotos dejan de tener su encanto.

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